Crítica de “El Bar”, de Alex de la Iglesia.

17155924_10155025027125758_3614779261585495324_n.jpg

Álex de La Iglesia está de vuelta. El realizador bilbaíno se ha convertido en uno de los grandes referentes del cine español. Un cineasta que siempre adora dejarse llevar por el caos y tener como centro de la historia a Madrid. Sin duda, cada vez que estrena una película todos los focos de atención va hacia su persona. Esta semana, nos llega su nueva cinta.

Comenzando de nuevo con sus habituales y geniales títulos de créditos iniciales. Una de las características por excelencia del director y que lamentablemente ya casi no se ven en el cine de hoy en día. El Bar, arranca con una anodina mañana en dicho establecimiento madrileño, hasta que una persona que sale del bar recibe un tiro en la cabeza. Dejando al resto de personajes inhabilitados en el recinto. Sin posibilidad de contactar con el mundo exterior, ni salir del recinto por miedo a obtener el mismo desenlace.

Si por algo Álex se ha conseguido consagrar como cineasta es por rodar momentos tan agónicos y frenéticos como los que aquí se exponen. El primer tramo de la cinta contiene lo mejor del director. En un espacio limitado, con la genial verborrea constante de sus protagonistas. Un cuidado diseño de producción, efectos especiales y maquillaje que como viene siendo habitual, son imprescindibles en todas sus obras y la exponen al realismo que necesita para que discurso narrativo pueda tener la credibilidad que necesita.

HELHER_ESCRIBANO-A-3693.jpg

A pesar de que las situaciones y las posibilidades que se plantean antes el caos son realmente divertidas, finalmente la película llega a punto donde se detiene en seco y deja de evolucionar. Eliminando a personajes, excediéndose en mal gusto no justificado y eliminando todo ese juego inicial que nos planteaban. Dividiendo la película en actos con elipsis que rompen toda la tensión posible de una historia que ocurre de forma lineal. Una comedia que se apaga, pero que tampoco genera la tensión que pretende excepto en su tramo inicial y final. El transcurso de los acontecimientos es un carrusel que solo marea y acaba cayendo en la completa indiferencia.  

En lo referente al nivel interpretativo mantiene un constante peso coral, con algunos de sus actores fetiche favoritos. Un peso que poco a poco va dispersándose. Probablemente los que captan más minutos en pantalla son Blanca Suárez y Mario Casas, que aunque están correctos no gozan de esa chispa que ambos tenían en Mi Gran Noche, la anterior cinta del director (prácticamente eran los únicos que funcionaban en aquella película). Los mejor parados son Carmen Machi y Secun de la Rosa, en un registro diferente al que nos tienen acostumbrados, con sus propios soliloquios embriagados por la rabia y que captan las mejores que críticas de la historia. También podemos ver a la siempre genial (y en esta ocasión fugaz),  Terele Pávez. Una lástima que su personaje se consuma rápidamente.  

alex_ok_3.jpg

Por desgracia desde mi punto de vista, Jaime Ordoñez, estropea el conjunto. Dando voz a la parte más primitiva de la sociedad y que normalmente no goza de voz en pantalla grande. Y aquí no cambia, llevando histrionismo al límite e incluso haciendo caer al actor en la sobreactuación.  Con unos diálogos reiterativos, llenos de chistes fáciles de mal gusto y con el grito por bandera para dialogar. Un personaje que podría haber tenido su gracia en su justa medida, sin embargo aquí acaba convirtiéndose en una bomba de relojería que concluye en un tópico ciclo final narrativo.

El mal gusto y la crítica social son marca de la casa del director. No es un problema. Pero si las piezas del rompecabezas no encajan, finalmente estamos ante un gran juego de artefactos pirotécnicos sin sentido. Ir subiendo el listón de la locura, empequeñece una obra que goza de un planteamiento inicial delicioso y que hubiera ganado más como ficción teatral en un mismo espacio, que como el nuevo circo del director.

Probablemente este ritmo casi de estreno anual está ensombreciendo a una de las grandes figuras de nuestro cine nacional. Desde Balada triste de trompeta (2010), se echa en falta su delicadeza y bizarra forma de contar historias. Esos preciosos torbellinos de suspense que fueron El Día de la Bestia, La Comunidad o Crimen Ferpecto y que marcaron una nueva forma de hacer cine en España. De nuevo toca cruzar los dedos para que su próximo proyecto Perfectos Desconocidos (prevista para estrenarse a finales de este año), sea su regreso definitivo al cine redondo que nos daba antes de la Iglesia.  

NOTA: 1.5/5

Juan Carlos Aldarias

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s