Crítica de ‘The Prodigy’, de Nicholas McCarthy.

The Prodigy, la nueva película de terror de Nicholas McCarthy (Holidays, El pacto) , es un filme fácil de desenmascarar: desde su poco original premisa hasta la cantidad de clichés reciclados del cine de terror, un guión fácil y unos personajes planos como hojas de papel, con actores mal aprovechados como Jackson Robert Scott (It) y Taylor Schilling (OITNB), nunca llega a entrar en tensión, y cuando lo intenta acaba ridiculizándose a si misma por el poco ingenio de la historia.

Sarah (Taylor Schilling) es una madre preocupada por el inusual comportamiento de su hijo Miles (Jackson Robert Scott). Está convencida de que algo paranormal que no es capaz de definir ha entrado en la vida del niño de improviso para trastocarle completamente y ponerle en peligro a él y a quiénes le rodean. Sarah se debate entre proteger y cuidar al pequeño para que nada malo le ocurra, de acuerdo con lo que le dicta su instinto maternal, o bien investigar sobre la naturaleza de lo qué está tratando de poseerle.El juego que nos propone la película acerca de la posesión resulta en vano si desde la primera secuencia ya explica quién es ese asesino el cual se ha reencarnado en el niño, pues tienen los mismos ojos con heterocromía, pero la película decide crear un misterio absurdo alrededor de ello y que hasta el último plano recalca por si las moscas. Esta manía se traslada a otras cosas igual de evidentes como la dualidad del niño (pues algo le tapa la mitad de la cara o su disfraz de esqueleto de resalta los ojos de diferente color), el pasado del padre relacionado con la violencia o el tema de las vidas pasadas.

A veces resulta una copia absurda de otras películas que te hace plantearte que hay de diferente en esta película: un niño poseído, gente que muere a causa de ello, el idioma inteligible que suena a oriente que murmura el niño, el ocultista-psicólogo que sufre las consecuencias, etc. Lo único “salvable” de la película es la relación de madre e hijo, dónde encontramos a una madre volcada que de verdad encuentra un dilema al ver a su hijo luchar dentro de su cuerpo por ser un asesino malvado o Miles.Uno de sus fallos más grandes es el guión: previsible, aburrido y monótono. En el guión no hay grandes giros ni se crea tensión, pues parece que las decisiones de los personajes son tan simples que cualquiera puede olérselas media hora antes y la intriga es ver cómo los personajes tardan más que tú en darse cuenta. Pruébalo y seguro que aciertas con lo que crees que ocurrirá. No es que el guión no tenga sorpresas, si no más bien yo las llamaría elipsis explicativas, datos que al autor no le interesa explicar para hacerlo más interesante. Por ejemplo, la facilidad que tiene el niño para encontrar herramientas para golpear o matar a las personas. Lo único que consigue hundir más aún la película son los diálogos, ortopédicos y tópicos metidos a la fuera que solo provocan risas en el espectador, y no como algo buscado sino como suspense fallido.

The prodigy enseña todo lo que no se debe de notar en el arte del cine, los actores, al guión y a sus giros y casi califica al espectador de ignorante. La película supone un ejercicio vago del género y un resultado decepcionante para lo que nos tiene acostumbrado el género de terror actual.

NOTA: ★

Nacho Arance López.

 

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