Crítica de ‘La LEGO Película 2’, de Mike Mitchell y Trisha Gum.

La compra de licencias de juguetes, personajes, empresas y de cualquier cosa medio vendible, es la ley de la industria cinematográfica actual y en los estudios hay una batalla indirecta por ver quien abarca más franquicias en su catálogo. Warner tiene los derechos de Lego y La Lego Película 2 es la cuarta película que suma a la saga de los míticos juguetes.

Esta secuela cuenta la historia del enfrentamiento de los Lego entre otra especie de piezas de acción conocidas como Duplo (la línea infantil de la marca)  que derivará en un conflicto diplomático que hará a sus personajes viajar por todo tipo de mundos para salvar el suyo.

Lo más espectacular que nos ha dejado esta saga es el dominio de la animación 3D hasta el punto de parecer stop motion, si no nos lo dicen podemos pensar que aquello está hecho con auténticos Lego, además se supo crear un personaje entrañable y una canción tan pegadiza como Todo es fabuloso, pero las fórmulas empiezan a repetirse. Todo lo que olía a nuevo en la primera entrega, aquí ya nos suena, y aunque las referencias cinéfilas son muy divertidas, nada sorprende. Por otro lado, el guión está escrito con pereza y a veces resulta extremadamente confuso, teniendo que estar más concentrado de lo que debería viendo una película de Lego.

Pero no todo es negativo y es que la cantidad de canciones que tiene la cinta a lo largo de su metraje e incluidas dentro de la narración, generan grandes momentos llenos de viveza y que permiten lucirse a los animadores. En general todo el trabajo de sonido es muy loable porque tanto los efectos sonoros, como las diálogos y las citadas canciones están mezclados de una forma excepcional y forman una parte considerable de la creación de todo este, pretendidamente artificial, universo.

Por otro lado, en cierto momento que entran en juego los propietarios de los juguetes, la película adopta una metafísica extraña que es desconcertante pero también entusiasma por su naturalidad y parece dar respuestas que podría haber dado una película como Toy Story. Visualmente también sigue siendo impecable, pero parece que la falta de ideas en la animación norteamericana es una dolorosa realidad y que las películas se hacen siguiendo esquemas y dejándose guiar por encuestas realizadas en los test screeners, quizás es hora de empezar a renovar los estudios de forma seria.

La conclusión a la que llega uno cuando ve esta secuela es ¿hasta cuándo se puede estirar este chicle? No olvidemos que no dejan de ser juguetes de acción y quizás sería más interesante explotar licencias como Batman o Ninjago antes que a estos personajes que parece que no dan para mucho más.

NOTA: 2.5/5

Álex Manzano.

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