Crítica de ‘Doctor Sueño’, de Mike Flanagan.

ImagenEn una época donde la explotación del terror y de los universos extendidos (remakes, secuelas, spin-off…) están a la orden del día, el maestro del suspense, Stephen King, vuelve a estar de moda. Series como En la hierba alta o Castle Rock, y largometrajes como El juego de Gerald o las dos entregas renovadas de It, visibilizan el buen rendimiento de sus historias en la sociedad actual. Por ese motivo, se aprovecha la festividad de Halloween para devolver a la vida una de sus obras clásicas. Doctor sueño, es la secuela en alma de su obra, El resplandor, cuya adaptación en 1980, continúa considerándose como una de las grandes cintas de terror de la historia, por lo que tarde o temprano, tenían que volver a sacarle jugo. 

Han pasado varios años desde los acontecimientos del Hotel Overlook, y Danny Torrance, aquel niño que se recorría en triciclo los siniestros pasillos del terrorífico hotel, es ahora un adulto sumido en la bebida, atormentado por los fantasmas de su infancia y el espantoso desastre que vivió con la locura de su padre. Danny, quien ha aprendido a controlar sus visiones y su don, se sentirá atraído hacia la ciudad de New Hampshire, donde logrará encontrar trabajo en la residencia de ancianos local e intentará superar sus problemas con la bebida apuntándose a las reuniones de Alcohólicos Anónimos. En su trabajo, Danny ayuda a los ancianos a morir en paz cuando les llega su hora, por eso es conocido como Doctor Sueño. Un día, su don le pondrá en contacto con Alba Stone, una niña de 12 años que requiere de su ayuda. Alba es perseguida por una tribu de seres paranormales, quienes adquieren la apariencia de ancianos recorriéndose todo el país capturando, torturando y alimentándose de los niños que disponen del don del Resplandor. Al darse cuenta de que sin su ayuda Alba nunca conseguiría sobrevivir, Danny decide lanzarse en su ayuda. Así, Torrance emprenderá una épica y sangrienta lucha contra las fuerzas del mal que lo acosan.Esta continuación se basa en la novela de 2011 del propio King, y cuenta con la dirección de Mike Flanagan (La maldición de Hill House). El largometraje clásico ya requería un esfuerzo extra del espectador, la audiencia mayoritaria no esta acostumbrada a verse envuelta por terror psicológico. Atmosferas siniestras, donde las incógnitas no siempre eran respondidas o no respondían a una lógica. El resplandor, supo diferenciarse por integrar elementos comunes (familia, mansión, terrores usuales…) con el perfeccionismo técnico de Kubrick. Aquellos que esperen una nueva película de terror quedarán profundamente decepcionados. La secuela queda desligada por completo del material original, en una historia independiente, aprovechándose de elementos clave, para estirar una historia que funcionaba perfectamente en solitario.

Todo aquel que haya leído la novela, puede comprobar la atención que ha puesto Flanagan y su equipo para adaptar fielmente las paginas de King.  Encontramos un relato que profundiza sobre el legado que emiten los fantasmas del pasado en la edad adulta, rodeado de viajes astrales y sombras malignas que caminan plácidamente gestando el mal a su alrededor. Manteniendo el sello de King, que, a través del suspense, nos lanza dardos que critican al modelo de sociedad actual en la que nos movemos. Una inseguridad perpetua que rodea a la sociedad, donde somos nuestro mayor enemigo y donde cualquier acto de bondad en el mundo puede verse corrompido. Sin embargo, el trasfondo del filme no deja empaque. Quedando lastrada por la incesante comparación con el trabajo anterior. Una cinta fantástica, completamente intrascendente que desprestigia la delicadeza con la que fue construida la novela original. Ni siquiera su aspecto técnico consigue despertar el interés. Un conjunto de escenas efectistas que podrían pertenecer a cualquier película de superhéroes reciente, por mucho que se empeñe en ser sádica, la sociedad actual es más sádica que las ideas que presenta el relato. Intenta ser independiente, pero no puede evitar recurrir a emular al filme de los 80, en sus planos, su música, su estética… sin embargo, sus recurrentes flashback y referencias, parecen más cercanos a la autoparodia que al homenaje. No consigue construir la esencia perturbadora, que grabó en nuestras retinas las icónicas imágenes del filme clásico. Incluso cambia el clímax de la novela, para adaptarse a la demanda del público. Flanagan pasa muy desapercibido en una dirección plana, en la que pierde por completo el estilo inspirador de Kubrick. 

El largometraje, además, viene precedido por un reparto de lo más olvidable, en los que solo cabe mencionar a su principal protagonista y antagonista. La mejor parada es Rebeca Ferguson, con un característico cambio de registro que maneja con soltura, a pesar de caer en el histrionismo y los diálogos soporíferos. Lo lamentable es tener que ver como Ewan McGregor, desaprovecha por completo la oportunidad de redimir su decadente etapa interpretativa, con un personaje que será más recordado por su origen, que por el trabajo actoral que presenta. La reinterpretación de Danny Torrance, es un desastre. Apuesta por crear la mítica fabula entre maestro y aprendiz, que en este caso queda opacada por un mal desarrollo del personaje protagonista. Un personaje sobre el que no esta el foco de la acción, que se convierte en un héroe, venciendo a sus fantasmas huyendo del problema, encerrándolos en cajas mentales, viviendo ajeno a los atroces devoradores de almas que están raptando niños. La cinta ha gustado a la mayoría los especialistas que se han acercado a ella. Personalmente, no he conseguido entrar en el proceso desde el principio. No he sabido separar la historia original, de la secuela y eso me ha dejado un mal sabor de boca. No siento el suspense, ni la atmosfera que pretenden crear. Es un lento espectáculo que presta más atención en explorar la historia de la amenaza, el grupo sectario de Rebeca Ferguson, dejando al protagonista original en un segundo plano, haciendo que se pierda por completo el interés por la historia. Acompañada por unos efectos y una música estridentes, que pretenden sorprender pero que generan mi completo escepticismo. Un relato que no es fuerte, una estratagema por parte de su creador (Stephen King) de intentar seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro, para exponer otra de sus “locuras” artísticas. La mayor decepción que he tenido este año frente a una pantalla de cine. 

NOTA: ★

Juan Carlos Aldarias.

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