Crítica de ‘Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos’, de Destin Cretton.

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Tras un año en el que la pandemia ha limitado los estrenos de Marvel. Este año los fans de la compañía están de enhorabuena, entre las seis series para Disney+, y los cuatro largometrajes que veremos en las salas de cine. Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos, es la segunda de ellas tras el desempeño de Viuda Negra, presentando a un nuevo héroe para la familia de vengadores. Probablemente sea uno de los títulos menos esperados de la compañía, al tener la ardua tarea de tener que presentar un nuevo universo. Es inevitable pensar que la introducción del personaje es un arma para visibilizar la diversidad, que además podría fortalecer la confianza con el territorio asiático, al ser el continente que más ingresos genera para el cine. Estrategias de marketing a parte, el proyecto busca homenajear a la cultura asiática, con un trabajo en el que se funde legado y tradición, para erigir el camino de una nueva leyenda. Tras la dirección, Destin Cretton, amiguísimo de Brie Larson, relacionado con el de denuncia cine social cercano al corte independiente, que por primera vez se atreve a salir de su zona de confort. 

Esta historia de orígenes gira en torno al experto en artes marciales y maestro del Kung-Fu nacido en los cómics de Marvel durante los años 70, escritos por Steve Englehart e ilustrados por Jim Starlin. Su protagonista responde al nombre de Shang-Chi, hijo de un poderoso criminal de China. Educado en un complejo aislado del resto del mundo, Shang-Chi fue entrenado en las artes marciales y ha desarrollado habilidades sin igual. En esta primera aventura se enfrentará a un poderoso enemigo: El Mandarín. Este villano es una de las personas más poderosas del mundo, gracias entre otras cosas, a los diez anillos que le han dado poder a él y a su familia; el cual intentará abrir un portal que podría resquebrajar las líneas de la correlación lineal corriente. 

Quizás habíamos subestimado el potencial de Shang-Chi. El largometraje juega a combinar géneros e influencias, siendo a la vez un milimetrado ejercicio de artes marciales y una epopeya fantástica repleta de efectos visuales. Aunque pareciera que ambos conceptos no terminan de encajar, el tratamiento argumental de este peculiar viaje del héroe consigue que te creas lo que viene aconteciendo. Pensábamos que Marvel no podría sorprendernos porque ya han salido al espacio exterior y las posibilidades son infinitas, pero aún queda mucho que explorar en nuestro planeta. Como de costumbre esta entrega se presta a un apabullante despliegue en la producción de grandes escenas, localizaciones y brillantes efectos especiales (la escena inicial del tren es una bendición), combinados en esta ocasión con el acertado trabajo musical de Joel P West (habitual del cine de Cretton), que cambia completamente de registro para mezclar pegadizos ritmos de sintetizador, con una armónica y épica melodía oriental. Siendo un filme que vive de la fácil comparación con lo que aportaba Black Panther (Ryan Coogler, 2018) al MCU, en su expansión social hacía la visibilidad de otras culturas, pero ambos universos consiguen tener personalidad propia. 

Por una vez el antagonista sale bien parado. Las vicisitudes familiares roban gran parte de la atención argumental, llevando el conflicto paternofilial al primer término. Pero el mítico Tony Leung consigue resarcir aquel chiste descafeinado del Madarín, que vimos del personaje en Iron Man 3 (Shane Black, 2013). Sigue pasando por una construcción del villano muy tradicional y funcional, pero con un arco convincente, más trabajado que de costumbre, y con el talante de un veterano como Leung para darle vida. En el resto del reparto destaca la presencia de otra leyenda del cine de arte marciales moderno, Michelle Yeoh, aunque representa un rol más pequeño siempre es una delicia verla en pantalla. Pero la auténtica robaescenas de la cinta es Awkwafina. El desparpajo de la actriz estadounidense se ha convertido en un valor seguro a explotar, dando los mejores alivios cómicos a la cinta (cual peculiar Sancho Panza), pero dejando espacio también para construir la personalidad/responsabilidad de su personaje. 

En medio de esta gran superproducción e intérpretes de renombre queda algo opacada la figura del protagonista, Simu Liu. Aunque el actor pone todo su empeño por crear un personaje carismático, se siente correcto pero invisible frente al rico universo que lo rodea, mientras intenta seguir el camino hacía su destino. Un cliché visto y necesario para entender la presentación del protagonista, pero es tan similar a la construcción de otros compañeros de equipo, que se queda en buena, mas no logra aportar demasiado. Por suerte, forma un dúo ideal junto Awkwafina, prometiendo abrir un horizonte de posibilidades en el futuro del UCM. Shang-Chi es una ligera historia de origen, que sabe cohesionar artes marciales y ciencia ficción de estilo oriental, de forma muy atractiva. Tal vez no sea un título uniforme, llegando a decaer a lo largo de la trayectoria, visitando los recurrentes arcos dramáticos comunes, o aludiendo a criaturas adorables para rellenar tiempo, pero aun así, es una de las historias de origen más consistentes que ha presentado la compañía. Marvel abre el camino sólido de una nueva generación de héroes. La película se guarda un par de sorpresas alucinantes, con la aparición de algún viejo conocido de la franquicia, o con un clímax apoteósico al que no darás crédito. 

Como viene siendo habitual, tras la película os esperan 2 escenas post créditos

NOTA: 3,5/5

Juan Carlos Aldarias.

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