Crítica de ‘Lazos’, de Daniele Luchetti.

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Nunca es tarde si la dicha es buena. Llega a las pantallas Lazos, adaptación de la novela de Domenico Starnone (titulada Ataduras en nuestro país) y película de apertura en la edición de 2020 del Festival de Venecia. La cinta nos remonta al Nápoles, de principios de los años 80. Aldo y Vanda están a punto de separarse después de que él confiese que tiene una aventura. Sus dos hijos pequeños se debaten entre sus padres sumidos en un torbellino de resentimiento. Pero los lazos que unen a las personas no desaparecen, ni siquiera cuando ya no hay amor. Una producción que viene protagonizada por un reparto de grandes nombres, pero en el que destaca la presencia del actor Silvio Orlando (The Young Pope), un rostro sobre el que los personajes culpables y abocados a la tristeza siempre le van genial.  

Se abre así una interesante recopilación de perspectivas con la traición como objeto de observación principal, y dos protagonistas que se verán expuestos a una lucha de poder abogada la cruda soledad en la que les envuelve este trágico punto de partida. Miradas que buscan anhelo, pero que parecen unidas por un ente superior, ya sea el tradicionalismo social, o la fuerza imperecedera del amor, que envuelve con pasión los actos (a veces incoherentes) que vamos acometiendo. Buscando hacer lo correcto en un panorama al que no nos enseñan a enfrentarnos, observando el proceso de una familia “rota” o los pedazos que van quedando de ella, en una continua lucha por la reconciliación, entre monumentales diálogos ensordecedores y pequeños detalles reconfortantes. Mención para el poder estilístico de las imágenes cálidas y hogareñas en medio del frágil contexto de desolación, que sabe captar el director Daniele Luchetti. Siempre con la mirada pasiva de los infantes y sus posteriores secuelas traumáticas, como telón de fondo del conflicto. 

Lazos: Luigi Lo Cascio

Para la elaboración del conjunto el filme se vale del juego a dos tiempos, narrando los acontecimientos de esta historia a lo largo de 40 años, con un montaje algo delirante que va dando saltos sin que el espectador sea consciente del todo, de la correlación de la línea narrativa que está siguiendo. El mayor problema que siento con la propuesta es la falta de aceptación del conflicto de los personajes, incapaces de pasar página o aceptar el cambio evolutivo que puede marcar una persona, pudiendo dar un giro de 360 grados a su vida en cualquier momento. Afectados por un suceso de forma irreversible, cuando el paso del tiempo no puede borrar el daño (claro que cada historia y cada persona son un mundo). Pero resulta chocante ver los despuntes del personaje de Alba Rohrwacher, conmovida por una obsesión invasiva, ligada a reacciones exageradas, frente a una condena en la que ella misma se recrea. También es una cinta, que visibiliza como nos cuesta desprendernos de los recuerdos,  en un almagrama de los peores defectos del ser humano: codiciosos, posesivos, amigos de la mentira… y que como bien demuestra, somos seres que no podemos guardar un secreto para siempre. 

Aprovechar para recomendar aún en cartel, Las cosas que decimos, las cosas que hacemos. Otro título reciente que aprovecha el ideal romántico, para abrir un debate sobre las diferentes formas que tenemos de entender el amor. Un terreno conflictivo en el caso que nos ocupa, ligado al juego de las emociones interpersonales. Lazos funciona como una carta de expiación a esos problemas terrenales en los que nos sale guardar silencio, un filme que invita a sanar gritando y rompiendo con aquello que nos hace mal. No le faltan razones para ser reivindicativa a su manera, pero el conjunto se siente algo confuso e incómodo; como si fuéramos esos niños que cual espectador omnisciente son testigos del drama en el hogar. Como bien reza la película “es difícil sufrir de un modo agradable”, y creo que es precisamente lo que se intenta narrar, una historia sobre personajes derrotados que siguen buscando la forma de vencer al peso de ese idílico final feliz que nos han vendido y tanto dista de la realidad. 

NOTA:  2,5/5

Juan Carlos Aldarias.

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