Crítica de ‘Respect’, de Liesl Tommy.

Imagen

En pleno auge por el lanzamiento de biopics musicales sobre cantantes y grupos laureados en la historia reciente (muy sonados han sido los casos de Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018) o Rocketman (Dexter Fletcher, 2019)), ahora llega a las salas la biográfia de la dama del gospel: Aretha Frankling. Una de las cantantes más influyentes de la música contemporánea, una voz única, que además coqueteo con el séptimo arte en Granujas a todo ritmo (1980) de John Landis. Estas recreaciones se convierten en un terreno farragoso, a medida que intentan respetar la vida privada de los protagonistas, pero exponiendo a su vez pasajes personales a los que el público no había tenido acceso hasta ahora. Un juego azaroso en el que es muy raro encontrar títulos que hayan sabido ser fieles a la iconicidad de sus representados. La Reina del Soul se alza una vez más, bajo la piel de la actriz y cantante Jennifer Hudson.

La extraordinaria historia real del viaje de Aretha Franklin en busca de su voz en mitad del complicado panorama social y político de Estados Unidos en los años 60. La artista consiguió encumbrar más de 100 singles a las listas de Billboard, entre ellos 17 temas pop que formaron parte de lo mejor del momento y 20 números uno del R&B, conquistando un total de 18 Premios Grammy. Además consiguió el honor de ser la primera mujer en ganarse un lugar en el Salón de la Fama del Rock and Roll. La reinvención del éxito de Otis Redding ‘Respect’ como himno feminista por parte de la cantante la transformó en un icono de la lucha por los derechos civiles y los movimientos de las mujeres. Su impacto cultural fue notorio a lo largo de toda su carrera, este trabajo sigue su carrera desde su infancia, hasta el momento en que recibió la fama internacional. 

Una vez más, la figura del artista vive bajo la tiranía del manager y las disfuncionalidades parentales, propios antagonistas o conflictos para trama que hacen sombra a la verdadera estrella. Respect es una película a la que le cuesta coger el ritmo, a su abultada duración no le hace ningún favor un innecesario prólogo de la infancia de la protagonista. Volvemos a encontrarnos con la historia del duro camino hacia el éxito, expuesta como halo de esperanza para el espectador. Observando los aspectos más prometedores de la vida de una activista devota, víctima del opresivo mundo masculino, convertida en el títere de los hombres que la rodeaban. Es molesto el hincapié que realiza de esa visión, desdibujando el resto del conjunto, faltando retazos del día a día de la artista, prefiriendo dar tiempo a enseñar otro intento fallido de capitalizar la música (precisamente lo mismo que se siente alrededor de este proyecto, un intento por capitalizar el legado de Aretha). Es atractivo seguir sus andanzas en la búsqueda de un éxito, que no llega a alcanzar hasta que coje las riendas de su carrera y comienza a sentir lo que canta. Desembocado en otra carrera más en escalada, ensombrecida por los efectos de una depresión dilatada en el tiempo, conllevando que inevitablemente la artista fuera devorada por su propio ego. Un conjunto de clichés convencionales en el género, que terminan por edificar un relato muy plano. La falta de estímulos hace inevitable perder la concentración tras sus dos horas de duración. 

Jennifer Hudson ha sido una elección idónea para la recreación (Franklin le dió el aprobado antes de fallecer). No importa el parecido, su torrente de voz genera una abstracción cautivadora cercana a la de Franklin. Significando el gran regreso de una actriz que ha pasado por una carrera bastante desapercibida desde que ganara el Oscar por Dreamgirls (Bill Condon, 2006) hace quince años. La intérprete se defiende de maravilla con la dualidad que le brinda un papel de personalidad apocada, con una electrizante energía sobre el escenario. Defiende dignamente el rol, aunque no sea nada rompedor, por mucho que hay quienes apuestan por ella en la próxima carrera de premios. Escuchar como proyecta los legendarios temas de la reina del soul, es lo mejor de este largometraje, por desgracia es un detalle que deja muy mal parada a la calidad del producto. Para ser una cinta que no quiere recrearse en el sufrimiento (pasa de puntillas por los detalles escabrosos), se dilata con facilidad en el tiempo, carece de emoción, sin saber rescatar los verdaderos momentos destacables del repaso temporal que realiza. Elude en muchas ocasiones el potencial que hay tras esta emblemática figura. 

Es la primera película de la directora Liesl Tommy. Tras una trayectoria dedicada a la producción teatral, habiendo realizado incursiones en series televisivas, es extraño encontrarla en una producción de tal envergadura. Siento que su poca experiencia tras las cámaras le juega una mala pasada a la espectacularidad de la cinta, llegando a ser muy poco vistosa a nivel técnico. Cosa que por ejemplo, supo trabajar mejor Judy (Rupert Goold, 2019), a pesar de que también podía también pecar de plomiza. El biopic de Judy Garland, sabía empatizar mejor con el espectador porque incluso dedicaba tiempo para mostrar su relación con la audiencia, aquí, toda la historia de Aretha queda opacada por el desamor, la fama y los excesos, pero sin tener acceso a demasiados momentos de humanidad o paz, que profundicen en la mujer que era. Las relaciones sociales que mantiene son intrascendentes, no se emite una gran conexión con los secundarios y eso que tiene a grandes nombres: Forest Whitaker (El último rey de Escocia), Audra McDonald (The Good Fight), Mary J. Blige, Titus Burgess (Unbreakable Kimmy Smith). Es consciente de sus limitaciones emocionales, intentando llenar a esa carencia, introduciendo vagamente un peso maternofilial que no termina de funcionar. Por no hablar de lo raro que es ver a Marlon Wayans (Scary Movie) en un rol dramático ¿A quién se le ocurrió que podría funcionar?

Quizás no sea necesario sumergirse en los recovecos de la vida de una artista para poder conocerl@. Creo que el documental Amazing Grace (liberado en 2018, tras casi 50 años de cautiverio), sabía retratar mucho mejor las aflicciones, la acción social y la crudeza que buscaba captar esta adaptación. Había mucho más cine en ese rodaje capitaneado por el gran Sidney Pollack, en la emocionante grabación discográfica de un concierto de gospel, que acabaría para sorpresa de sus productores siendo el trabajo más vendido de la artista. Un proyecto sin artificios, al contrario que la producción que llega ahora a nuestras salas, a la que se le ve un ideal más económico que honorífico. No importa el genial hermanamiento que respira la unión de los integrantes de la cinta, no puede evitar sentirse como una película de estudio pensada como un producto, y no tanto como una carta de amor. Respect se sostiene gracias al inconmensurable talento de Jennifer Hudson y lo bien que suenan sus canciones, pero no es suficiente para dar con un relato satisfactorio que podría haber brillado mucho más como espectáculo. Llegando a tener la sensación de que no te han contado nada interesante en 2 horas y 25 minutos de película. Al menos, tiene un solemne cierre reconfortante, acompañado tras de sí, por un adorable conjunto de imágenes durante los títulos de crédito finales (ojalá hubiéramos visto más de su última etapa). Otra cinta para una larga lista de biografías bienintencionadas, con las que el espectador probablemente se eche una cabezadita. 

  • El documental Amazing Grace está disponible en Amazon Prime Video, Filmin y Flix Olé. 

NOTA: 2,5/5

Juan Carlos Aldarias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s