Crítica de ‘Cry Macho’, de Clint Eastwood.

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Clint Eastwood ama el séptimo arte: director, actor, productor, e incluso compositor de bandas sonoras. Ha participado en casi un centenar de títulos y sigue siendo un pilar incombustible de la historia de Hollywood, a sus 91 años. Su nueva película recupera un guion que ha estado rondado por los estudios durante más de treinta años (mala señal). El propio Eastwood declinó realizarla en el 88, para volver a meterse en la piel de Harry el Sucio en La lista negra (Buddy Van Horn). Un libreto firmado por Nick Schenk y N. Richard Nash, basándose en una novela del propio Nash. Este título nos devuelve al mítico vaquero, quien no se enfundaba la botas desde que ganó el Oscar por la película Sin Perdón (1992), la cual precisamente, también dirigía y protagonizaba. 

La trigésimo novena cinta de Clint Eastwood como director, retrata el conmovedor drama sobre Mike Milo, ex-estrella del rodeo y criador de caballos. Estamos en el año 1979 y Milo acepta un trabajo muy peculiar de un exjefe: traer a su hijo pequeño, Rafo, a Estados Unidos desde México. Esta extraña pareja se ve obligada a tomar todas las carreteras secundarias en su camino a Texas en un viaje que resultará un desafío mayor del que esperaban. Durante el trayecto, el antiguo jinete encontrará en el joven una conexión inesperada y su propio sentido de redención a través de la cultura mexicana y una reelaboración de su cosmovisión que le hará cuestionarse su propia crianza. Protagonizada por el propio cineasta junto a Eduardo Minett en su debut cinematográfico.

Cry Macho: Clint Eastwood

Desde el minuto uno, Cry Macho, rezuma un aroma a western, con la mirada del protagonista en el retrovisor enfrentándose a su destino, y la música country sonando de fondo. Quizás sea una película directa para nostálgicos del género. Es una suerte poder seguir contando con nuevas historias de esta leyenda del cine, pero sin duda, a este producto le falta entereza. Siguiendo la típica unión de dos personajes muy diferentes condenados a coexistir, en un viaje por la búsqueda de algo que les invite a recoger las riendas de su vida. Volver a sentir cierta ilusión o esperanza, en una travesía hacia la redención. La ternura que transmite el héroe principal, contrasta con el ritmo pausado de un viejo cowboy al que cuesta creerse. Las limitaciones visibles que muestra, no pueden evitar caer en ciertas situaciones incoherentes por mucho que la premisa pueda gozar de cierta ternura. Todos disfrutamos de una buena historia de fugitivos, sin embargo, el segundo tercio es muy sosegado y nunca llega a remontar el ritmo. Prescinde de un clímax conclusivo, prefiere estancarse en un conjunto de retazos cálidos sin fundamento, delimitando por completo la emoción.

Al director siempre le ha gustado generar una mezcolanza temática, con el fin de crear un mayor recorrido sensorial (pasando por el drama social, el romance, el suspense, la acción…). De hecho engancha con el espectador, gracias a su comedia cercana, simplona y funcional (amarás a su gallo doméstico). No acaba de casarse con ningún género, introduciendo diferentes matices críticos de reflexión, en el que juegan un importante peso, la corrupción o la diferenciación fronteriza cultural, en una cinta de gran carácter hispano. Sin embargo la denuncia se queda en una línea muy superficial, al igual que en el desarrollo de personajes. En cierto sentido consigue desmarcarse al intentar crear cierta profundidad de detalle, capas de sus protagonistas que van mostrándose, pero no termina por generar un gran vínculo de conexión con los mismos. El reparto pasa completamente desapercibido, están sobreactuados, generalmente son intrascendentes, poco carismáticos y les cuesta seguir un tiempo de reacción fluido (la inexperiencia de Minnet le pasa factura). Se siente en líneas generales como un telefilme a fuego lento, un pasatiempo agradable de evolución simple.  Para colmo, hay decisiones en la dirección bastante cutres o poco prácticas. Por mucho que intenta construir desde lo cotidiano, inyectandole cierta personalidad a la narrativa, hay fundidos a negro, escenas de acción mal ejecutadas o planos alocados de cámara en mano que confunden. Resulta molesto ver como buscan la necesidad injustificada de poner a Eastwood con un revólver y un caballo, para promocionar mejor el producto y vender más entradas. Advierto de que la acción es bastante nula, patosa y carente de impacto dramático.  

Cry Macho: Clint Eastwood

Eastwood sale por la puerta de atrás. Este trabajo me recuerda a la finalidad de The old man and the gun (David Lowery, 2018), la última de Robert Redford, que a pesar de sus limitaciones sabía crear un perfecto homenaje para cerrar la carrera del actor. Cry Macho, transmite una función similar a modo de epílogo. El creador aún está a tiempo de redimirse, en la última década ha demostrado tener mano para crear títulos solventes (Richard Jewell, Sully), por lo que no sería extraño que vuelva a sorprendernos con otra película en poco tiempo. Este filme es una propuesta tan amable como trivial, un trabajo menor con encanto en la carrera del autor, que por momentos puede llegar a sentirse desconcertante. Se agradece el mimo por elaborar unas imágenes que transmitan ese característico tono terrenal, al igual que esas aristas argumentales que visibilizan la preocupante realidad de la política gubernamental en México, con una parábola sobre la ayuda al prójimo. Lo importante es que perpetúa la leyenda del artista, demostrando que aún hay espacio para contar historias de vaqueros. Un entretenimiento simpático que agradecerán los fans del polifacético artista.  

NOTA: 2,5/5

Juan Carlos Aldarias.

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