Crítica de ‘No Respires 2’, de Rodo Sayagues.

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En 2016, el uruguayo Fede Álvarez, se reafirmó como uno de los cineastas más interesantes de los últimos años, tras su personal remake de Evil Dead (2013). Su segundo largometraje nos trasladaba hacía una atractiva trama de suspense, en la que un grupo de ladronzuelos quedarían atrapados en la morada de un hombre invidente, al que no debieron subestimar. No respires, consiguió ser un éxito inesperado muy bien recibido por crítica y audiencia, por lo que pensar en la idea de una secuela no era descabellada. De hecho, ese trabajo ya dejaba entrever cierto cliffhanger en su cierre, pudiendo parecer que no quedaban todos los cabos cerrados. Ahora, Álvarez ejerce de productor y cede la dirección al debutante Rodo Sayagues, quien hasta ahora había coescrito los trabajos previos del primero, en una carrera de títulos ligada que conforma un dúo bastante inseparable. La continuación que no sigue directamente a su antecesora, pero recupera al personaje más importante de la carrera de Stephen Lang. ¿Listos para volver a aguantar la respiración?

Norman es un hombre que no está dispuesto a que le pisoteen, por su discapacidad. Y no va a dejar que absolutamente nada ni nadie se cruce en su camino, de nuevo. Han pasado ocho años de los sucesos que veíamos en la primera entrega y ahora ve como al fin se ha hecho justicia. Vive con Phoenix, una niña de once años con la que ha conseguido formar la familia que se le negó después de sufrir el accidente que le conllevó su pérdida de visión. De pronto, Norman se encuentra con una nueva invasión de su propiedad cuando unas personas desconocidas irrumpen en su hogar buscando a Phoenix para llevársela. Esto hace que Norman tenga que volver a buscar nuevas maneras de enfrentarse a estos extraños, sacando a relucir una vez más la maldad que habita en su interior.

No respires 2: Stephen Lang

Hay dos puntos clave que me molestan por completo de esta secuela. En primer lugar, pretenden desvincularse del tono y forma de su antecesora, creando su propia identidad, algo muy loable. Sin embargo, la premisa es muy similar, algo que genera un hándicap porque no puede evitar ser pasto de las comparaciones. Por otro lado, el cuestionable cambio de registro del que era el antagonista, resulta de lo más incómodo. Tiene mérito que quieran dar matices de profundidad a un personaje tan característico, pero resarcir a alguien tan sádico es muy perturbador. La primera entrega funcionaba porque trabajaba con audacia desde el silencio, además, con pocos detalles, conocías al trío central de la historia, empatizando con sus acciones, por mucho que sus intenciones iniciales no fueran las más correctas. La continuación prefiere generar un artificio de acción, con cierto halo emocional, que quiere suplir todas sus carencias en una desbordante violencia gráfica injustificada. El destino de los protagonistas ya no es una incógnita, porque tienes la seguridad que van a salir bien parados (se disipa el juego del gato y el ratón, las personalidades son más fijas). No niego que consiguen generar cierto efecto intrigante, pretendiendo dar alma al género de acción (generalmente vacuo), pero las referencias que tiene y emplean, no son buenas. 

Argumentalmente se siente algo enrevesada, hay matices interesantes como la lectura que hace de los mercados infantiles de órganos, pero prefiere ser otra cinta sobre los efectos adversos de la sobreprotección paternofilial. La relación entre el protagonista y la infante se siente algo manida, densa, la conexión no acaba de estar bien justificada o interpretada. Puede que parte del problema sea la indiferencia que me crea la benjamina Madelyn Grace, o que la sombra de Jane Levy es muy alargada. El trasfondo emocional tiene una construcción muy vaga, intentando elaborar un camino cruento que fortalezca la personalidad del personaje femenino, pero su arco no es interesante, siendo más bien un objeto para que se desarrolle la acción. La premisa no es buena pero puede llamar la atención por su característico protagonista, aunque es un anzuelo arriesgado. Por suerte, se preocupan en reincidir coherentemente que nuestro protagonista es un monstruo, para que el espectador sea consciente de que no es un relato de empatía o redención (la letal entrega de Stephen Lang es lo mejor de la propuesta). Simplemente es un retrato de la brutalidad. El resto del reparto es bastante terrible, pues conforman a los atacantes desde estereotipos grotescos, creados desde el grito, simplemente para incomodar y que fácilmente te pongas en su contra. Los caricaturizan y los hacen bastante irreales. 

No respires 2: Stephen Lang

Es muy fácil desconectar de la película. Los elementos generales que reúnen sus aspectos técnicos son atractivos, pero no acaban de potenciarse. Se ven las limitaciones en la dirección. Probablemente el proyecto le ha venido grande a Sayagues, aunque sí que se aprecia la elaboración de cierta belleza estética. Mantiene una ambientación fría y seca, contrastada por una personalidad más brutal de la atmósfera, en la que toma importancia una nueva paleta de colores. Quieren crear un ejercicio que aumente la espectacularidad de la puesta en escena, pero la acción acaba viéndose convencional, no parece suponer un gran reto en la ejecución. Su gran talón de Aquiles es el sonido. El español Roque Baños repite como compositor, aunque en esta ocasión dependen de la música para generar tensión, en lugar de ser un acompañamiento para narrar un asfixiante paraje construido a partir del silencio. Ves venir todos los sustos, con reiterativos jump scares desde la espalda. Perdiendo así, un característico elemento distintivo, optando ahora por crear una cacharrería de efectos sonoros, para un conjunto muy alocado, ruidoso y molesto.

Veníamos de un trabajo notable. Hemos perdido aquella rica atmósfera opresiva, en pro de una incoherente premisa. Lo de dar una segunda oportunidad, buscando el lado humano de un ser “demente”, no hay por donde cogerlo. No es mala, es fallida, un claro ejemplo de querer estirar el chicle.  Se agradece que quieran darle cierto corazón a la historia, pero acaba por ser un paso en falso.  Es triste ver como se ha manipulado el concepto para vender entradas. Borra las reglas preestablecidas, carece de las sutilezas que engrandecieron a un producto común, intentando vivir de venir un título de éxito previo. No consigue ser independiente. Quiere ser diferente, pero no presenta un conjunto sólido que justifique esta segunda parte. Una producción de bajo coste, con fácil rentabilidad gracias a la familiaridad de la audiencia con el filme. No obstante, juegan a la baza de creer que tienen un público asegurado, y es una hipótesis que nunca es certera (de hecho, creo que está pasando bastante desapercibida). Al menos, es un largometraje ligero, va directa al grano y se agradece, pero no parece que vaya a envejecer bien al paso del tiempo, ni a posteriores revisionados en los que se ha perdido todo el factor sorpresa. No respires 2, se convierte en un “ojo por ojo, diente por diente” muy poco gratificante.  

  • Tras los títulos de créditos finales hay una escena esperándoos. 

NOTA: 1,5/5

Juan Carlos Aldarias.

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