Crítica de ‘Venom: Habrá Matanza’, de Andy Serkis

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El Universo de Spider-man, comienza a expandir sus telarañas. Sony se niega a deshacerse de los derechos del arácnido personaje, una saga que ha dado muchas alegrías a la compañía, y aunque ha costado, ha conseguido ser flexible para permitir la introducción de Peter Parker en las películas de Marvel-Disney. Los éxitos de la primera entrega de Venom (2017) y Spider-Man: Un nuevo universo (2018) consolidaron el inicio de una nueva serie de largometrajes, donde expandir las posibilidades del trepamuros más allá de los títulos de su propia línea cinematográfica. A la espera del bombazo que significará el nuevo crossover más ambicioso de la historia (Spider-man: No way home), amenizamos la espera con la continuación de las aventuras de uno de sus mejores villanos. Este es el tercer largometraje de Andy Serkis. Un reconocido actor que en los últimos años ha revolucionado el séptimo arte, por ser uno de los grandes precursores de la técnica motion capture. Interpretando a personajes digitales mucho más realistas, como son los reconocidos casos de Gollum en la saga de El señor de los anillos, o el característico César en la revisión de El planeta de los simios. 

Continuando con lo acontecido en Venom (Ruben Fleischer, 2017). La película muestra a Eddie Brock, en un vínculo mucho más amistoso con su simbionte y compartiendo una vida de lo más peculiar. Pero la paz durará poco, pues el psicópata Cletus Kasady (a quien vimos brevemente en la escena post créditos de Venom) se escapará del psiquiátrico llevando en su interior a un nuevo simbionte, conocido como Matanza. Pero no será el único villano que aparezca en la secuela de Venom, ya que también estará presente Grito, un personaje bastante importante en los cómics de Marvel que tuvo una peculiar relación con Kasady.   

Venom: Habrá Matanza

No lo tenían difícil para superar el listón de la primera cinta. Se percibe que ha habido un estudio de las reacciones del público, a la hora de realizar la producción. Pues el humor acaba devorando la estructura del grueso del contenido. Pasamos por alto que han decidido prescindir del carácter oscuro característico del personaje, intentando crear algo nuevo para llegar a la audiencia. Una decisión arriesgada, con la que han salido ganando. Dinamizar la relación entre Eddie y Venom, como un Jekyll y Mr. Hyde a doble tiempo, trabajando las ingeniosas situaciones que puede crear el contraste entre ambos personajes, ha resultado ser de lo más entretenido. Lo que no esperábamos, es ver convertirse al filme en una comedia romántica. El argumento principal gira en torno a una inesperada terapia de pareja, donde vemos los hilarantes rifirrafes por un intento de domesticación del simbionte, mientras intentan mantener su coexistencia en secreto. Un giro bizarro y atractivo con los sentimientos a flor de piel, que brilla por su loca invención, a pesar de que se enfrentan a la creación de situaciones bastante bochornosas. De hecho, no puedo evitar sentir a este Venom como una especie de mascota adorable, que conecta fácilmente con la audiencia, desvirtuando completamente su personalidad, pero… funciona. 

Si esta saga está demostrando algo, es que sus responsables son unos completos sinvergüenzas. La genial relación entre esta particular pareja de colegas (brillante en su comparativa cervantina), es capaz de sustentar la insustancialidad argumental. Todo gracias a un Tom Hardy, dispuesto a salvar el día, una vez más. Sin miedo al ridículo, la dedicación del actor britanico es la que nos atrapa en la acción, con un registro que le permite mostrar su lado más payaso. En favor de la secuela, podemos decir que la sensación de peligro se ha potenciado. La incertidumbre, el espacio de tensión, está mucho mejor generado gracias a la presencia del mítico antagonista de nuestro antihéroe. Se sigue echando en falta más garra en la elaboración de su violencia, es una película destinada al público adolescente, lo que acaba de hacer que limite sus posibilidades. En esta ocasión las secuencias de acción pasan más desapercibidas, sirviendo como alarde de las habilidades de sus villanos, pero sin escenas memorables como la persecución de la primera película. Vuelve a contar con un desconcertante trabajo de un acelerado montaje, y esos efectos visuales que en ocasiones están un pelín deslucidos, por muy impresionante que sea el diseño de los simbiontes. Al menos, mejora en el apartado musical, Marco Beltrami consigue introducir tintes más tenebrosos y acordes al largometraje.

Venom: Habrá Matanza: Tom
        Hardy

El cara a cara entre Woddy Harrelson y Hardy, es potente pero no lo suficiente para la envergadura de los acontecimientos. Se aprecia ese intento por crear a un villano mejor definido. Como en ese maravilloso efecto picassiano de storytelling, o su característico origen. Matanza termina por convertirse en un villano que va de trascendental, pero se siente aburridamente reiterativo, por mucho que presente el perfil de un sádico e interesante asesino en serie. Una interpretación correcta que no está a la altura de las expectativas. También se siente muy desperdiciada, la villana Grito, un recurso estilístico que pasa desapercibido, por mucho que cuente con el talentazo de Naomi Harris. El dúo de malvados sabe generar un glorioso caos, mas al producto no le interesa esta historia, su foco está en la relación de Eddie-Venom, dejando a un lado todo lo demás. ¿Y qué decir de Michelle Williams? Ella sigue sin querer estar ahí, y por suerte, no es el interés romántico principal del protagonista, una lástima que ella en esta ocasión sea más un cebo que un personaje resolutivo. También se recupera a una de los grandes aciertos de la primera película, Peggy Lu, vuelve a dar vida a la divertida tenderá del bazar chino. Sobre la dirección, mencionar que es triste lo poco inspirada que se ve la personalidad de su director, aunque el lugar donde transcurre su clímax es una delicia marca de sello Serkis. Ese característico edificio, con un desenlace por los aires, merece el precio de la entrada.   

Realiza un seguimiento bastante consecutivo de los acontecimientos. A diferencia de otras secuelas, sabe conectar muy bien los cabos sueltos del trabajo anterior. He disfrutado más de esta segunda entrega porque la siento menos encorsetada. No tiene que ceñirse a la arquetípica presentación de personaje, va directa a contar algo nuevo. Aunque es cierto, que la forma en la que están tratando a este tipo de producciones, deja generalmente un tufo a cajón desastre de productos de fácil rentabilidad. Hay quienes se atreven a decir que es una mala película. A mí, me cuesta determinar una sentencia tan severa. Sí, el universo de Venom que estamos viendo no es lo que esperaba, echo en falta algo más macabro alrededor de este icónico personaje. Es un trabajo muy dosmilero, realizado de forma rápida sin grandes pretensiones, caracterizándose por líneas de diálogo patéticas. No puede evitar tener cierto aire cutre, como gran superproducción deslucida. Por mucho que resulte convencional y vaga, ver al simbionte cuál Saturno devorando a sus hijos (Francisco de Goya, 1823), con sus víctimas, o trepando los tejados de la ciudad, ya es una gozada. Una nueva versión de los acontecimientos que sale mejor parada, con sus peros, aunque sin tener demasiados alicientes como para diferenciarse de su predecesora. Es mejor no cuestionarla demasiado. Venom: Habrá matanza, es una comedia sin sentido, muy disfrutona, que se reserva una alucinante revelación.   

  • Estad atentos porque hay cameo de Stan Lee. Y como viene siendo habitual, viene una escena postcréditos tras la película. 

NOTA:  2,5/5

Juan Carlos Aldarias

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