Crítica de ‘Halloween Kills’, de David Gordon Green.

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Con 4 décadas a sus espaldas, intentando perpetuar el legado del clásico de 1978. La saga de Halloween volvió a reinventarse en 2018. David Gordon Green, firma la cuarta línea temporal de la franquicia con una trilogía que vuelve a eludir los acontecimientos audiovisuales filmados, de manera posterior al clásico de John Carperter (el propio autor la considera como la única secuela oficial del material original).  Si bien la primera entrega, buscaba homenajear a su predecesora entregando un universo introductorio con pequeños guiños al pasado, la continuación es una entrega que viene directa del desenlace de la anterior. Aún no queda claro si esta línea temporal, vendrá a consagrar a la franquicia o se quedará con el resto de títulos en un cajón desastre, pero no hay duda que estamos ante un referente cinematográfico. Uno de esos primeros precursores que permitieron la creación del género slasher, introduciendo la particular visión del punto de vista en primera persona, llegando a obtener el honor de presentar su último título en el Festival de Venecia. Con un año de retraso con respecto a la fecha de estreno preestablecida, y a la espera de la llegada del capítulo final, en la temporada de sustos de 2021, la reina indiscutible de la salas de cine será Halloween Kills. 

La noche de Halloween en la que Michael Myers regresa no ha acabado todavía. Minutos después de que Laurie Strode, su hija Karen y su nieta Allyson dejen encerrado y ardiendo a este monstruo enmascarado, Laurie se dirige rápidamente al hospital para tratar sus heridas, creyendo que todo ha terminado. Pero cuando Michael consigue liberarse, su ritual sangriento continúa. Mientras Laurie lidia con su dolor y se prepara para defenderse, sirve de inspiración para que todo Haddonfield se levante contra este monstruo imparable. 

Halloween Kills

La leyenda sigue viva en el tiempo. Quizás por eso, el factor de la nostalgia acaba embriagando tanto a los fans acérrimos, como a aquellos que solo quieren disfrutar de un festival sangriento. Esta nueva entrega genera cierta confusión, pues parece ser dos películas en una. Quiere ser un título repleto de muertes desagradables y humor absurdo, pero a su vez deja patente su compromiso en un inesperado drama social. Un interesante enfoque sobre el papel que juegan los familiares de las víctimas del homicida, que cae irremediablemente en un fanatismo descerebrado. Se producen atractivas masificaciones de locura realista, propias del caos social, que cuestionan nuestros actos, pero su discurso es muy superficial. Un golpe de efecto diferente, pero no acaba de aportar a la intencionalidad de la cinta, haciendo que pierda su enfoque principal. De hecho la estrella de la función, Jamie Lee Curtis, está completamente fuera del relato, quedando anclada a un segundo plano de frases testimoniales, sin demasiado tiempo para lucirse en el metraje. En una cinta de terror “barata”, no esperamos una gran profundidad de sus personajes, pero es una pena que no se genere ningún tipo de conexión con los protagonistas. Una historia que se empeña en convertir forzadamente, a la poco carismática Andi Maichak, en la próxima Scream Queen

Me gusta que quieran darle un giro a la historia, dando protagonismo a los habitantes del pueblo, con intérpretes veteranos. Intentando bordear parámetros psicológicos que nos ayuden a entender la escabechina que acontece, buscando narrar el sentido de esa violencia inherente, pero termina por brindar un conjunto de diálogos vacíos o sentimentaloides. Es un trabajo en el que podemos ver mejor definidos los pasos autorales de Gordon Green, distanciandose de su antecesora, pero intentando ser fiel a los fans del relato del 78, guardando un par de curiosas referencias. Se coquetea con líneas argumentales que podrían cambiar la distinción de estas secuelas, abrazando un poco las características sobrehumanas del personaje, o incluso casi revelando la identidad del rostro que hay tras la máscara. Pero la entrega se compromete en ser fiel a la esencia del personaje, emitiendo un regalo violento que refuerza el misticismo demencial que rodea a este monstruo del terror clásico. Michael Myers es el auténtico protagonista de la historia, en un perfil disfrutablemente más desatado de lo que habíamos visto hasta la fecha.  

Halloween Kills

Personalmente esperaba un espectáculo mucho más bestia. Su conexión con el drama social, o las escenas de refuerzo emocional poco definidas, dificultan el dinamismo del desatado cóctel de vísceras que prometía ser esta segunda parte. No obstante, no se corta. Proporciona algunas de las escenas de violencia gráfica mejor logradas de los últimos años. Escenarios creativos, con víctimas agonizantes que harán las delicias de los espectadores acérrimos del gore. Gordon Green reafirma su buena mano para generar artificios de tensión, buscando una nueva forma de conectar con el pasado, a la vez que busca su propia personalidad dentro del giro que está llevando la saga. No faltan las inevitables incoherencias marcas de la casa, frases irrisorias o escenas estúpidas que generan un alivio entre tanta atmósfera terrorífica, invitando a recordar que nadie debería tomarse demasiado en serio estos perturbadores universos. Un disfuncional psicoanálisis sobre la violencia. Siendo el primer vistazo de la revolución sádica con el que esperan dar un cierre digno (por el momento) al personaje de Michael Myers. La historia concluye en Halloween Ends

Nota: 2,5/5

Juan Carlos Aldarias

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