Crítica de ‘La Crónica Francesa’, de Wes Anderson.

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El variopinto universo de Wes Anderson, es parte de la historia del cine contemporáneo. Elaborando un prestigioso legado, con crítica y académicos de certámenes internacionales, prestando interés a su inagotable material, llevando tras de sí una inmensa comunidad de fanáticos y consecuentes detractores. Su milimétrico estilo de un todo ordenado, le ha definido como uno de los creadores más fascinantes del último siglo.Recientemente se le ha visto por Chinchón (Madrid), rodando la que será su próxima película, confirmando la expansión creativa de un autor en pleno auge de expresión artística. Su último trabajo es The French Dispatch, otra de esas afectadas por la pandemia que por fin llega a las salas, tras su presentación en el Festival de Cannes. Un título llamativo en el que vuelve a rodearse de un elenco de infarto, que como siempre, inevitablemente se las arregla para engatusarnos y acercarnos a disfrutar de otra de sus nuevas obras. 

LA CRÓNICA FRANCESA es una carta de amor a los periodistas. Con motivo de la muerte de su querido director Arthur Howitzer, Jr., nacido en Kansas, el personal de The French Dispatch, una revista estadounidense de amplia circulación con sede en la ciudad francesa de Ennui-sur-Blasé, se reúne para escribir su obituario. Los recuerdos de Howitzer llevan a la creación de cuatro historias: un diario de viajes de las zonas más sórdidas de la ciudad del Reportero Ciclista; “La Obra Maestra de Cemento”, sobre un pintor criminal y loco, su guardián y musa, y sus hambrientos marchantes; “Revisiones de un Manifiesto”, una crónica de amor y muerte en las barricadas en el punto culminante de las revueltas estudiantiles; y “El Comedor Privado del Comisario de Policía”, una historia que destila suspense con trasfondo de drogas, secuestros y cenas elegantes.

La Crónica Francesa: Frances McDormand, Timothée Chalamet, Lyna Khoudri

La imaginación de Anderson no conoce límites, atreviéndose a combinar con audacia diferentes formatos, con fotogramas en color o blanco y negro desde un mismo segmento temporal, e incluso elabora dos preciosas secuencias animadas, dentro de una película de acción real. El director ya nos tiene acostumbrados a sus relatos capitulares, a lo Tarantino o Lars Von Trier. Autores inconformistas, visionarios y ante todo, minuciosos lectores. Su nuevo proyecto se compone de 4 historias independientes ligadas a un nexo común (Por cierto, mi pasaje favorito es el protagonizado por Benicio del Toro). Precisamente esta decisión estilística es la que consigue dotar de magia al relato, como si verdaderamente estuviéramos devorando las páginas de esa revista ficticia a través de nuestros ojos. El poder de la escritura potenciado por la proeza de las imágenes en movimiento, volviendo a generar un artificio repleto de diferentes virguerías técnicas con la cámara, siempre desde una posición estática. Un fantasioso alarde del que me enamoran personalmente esos recurrentes travellings, representando falsas estancias de fotogramas congelados

Una de las críticas negativas más recurrentes del estilo del cineasta estadounidense, es el contraste de la confección de meticulosas y bellísimas puestas en escenas, con una mano de obra detallista, frente a historias que generalmente no presentan un gran empaque. Le encanta recrearse en diálogos que no van a ninguna parte, buscando lo absurdo o inocente. Elementos que repelen a parte del público (se hace denso). Sin embargo, la forma de narrar los acontecimientos en este caso, permite segmentar mejor los tiempos. Lleno de miles de datos precisos, que caen rápidamente en el olvido, pero con un ritmo narrativo más fluido que de costumbre. Como viene siendo habitual sus personajes son una incertidumbre constante, cuestionando cada una de sus acciones y la realidad que les rodea. Bohemios inconformistas y sufridores pasionales. Este título destaca por ser una de las películas en las que consigue realizar un mejor uso de la comedia. De manera adicional el contexto histórico le permite emplear característicos vulgarismos muy bien traídos. Emplea efectos cómicos rápidos, irónicos, cortantes, acordes con la personalidad arrogante y franca que tópicamente se tiene del competitivo mundo periodístico.  

La Crónica Francesa: Timothée Chalamet, Lyna Khoudri

Un artificio cuya guinda viene estipulada, por la hechizante composición de Alexandre Desplat, con otra de sus encantadoras piezas musicales. Largometraje para los nostálgicos amantes de la prensa escrita, en formato audiovisual. Un oficio de valientes escritores aventureros, capaces de desdibujar la realidad, o narrar con emoción el suceso más insustancial. Aunque es cierto que va perdiendo fuelle a medida que avanza, su conjunto de historietas es de lo más atractivo, dando vida a un nuevo grupo de diversos y estrafalarios personajes que entran a formar parte del universo del artista. No esperéis ver un gran recorrido de vuestros intérpretes favoritos, el trabajo de: Bill Murray, Tilda Swinton o Timothée Chalamet, es parte de un todo delicioso (pierdes la cuenta del número de artistas reconocidos que aparecen en la cinta). Una producción coral llena de apuntes, segundas lecturas y nuevos recovecos que le invitan a crear diferentes puntos de vista de un mismo relato. Estamos ante un delicado trabajo de orfebrería, que emite un efecto comparativo en el uso de formatos de expresión que viven en continua metamorfosis. Un efecto visible del rico avance social y cultural. En líneas generales, estamos ante una agradable sorpresa.  

Nota: 4/5

Juan Carlos Aldarias.

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