Crítica de ‘Ron da Error’, de Sarah Smith, Jean-Philippe Vine, Octavio E. Rodriguez.

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De forma inesperada, 20th Century Animation estrena un nuevo largometraje antes del fin de año. Esta es la primera película de animación de la Fox, que distribuye Disney tras la compra de la compañía. No hay que confundir con los antiguos vestigios de la misma (Fox Animation Studios, madre de: Titan A.E, Anastasia), o el estudio en tres dimensiones de la saga Ice Age (2002-2016), Blue Sky, que fue cerrado a mediados de este año. Las cintas de dibujos de Fox no han gozado generalmente de un gran éxito, por eso sorprende ver un nuevo intento por revalidar su valor, frente a grandes estudios de la animación como Pixar, Dreamworks o Laika. Ron da error, es el primer proyecto de los siete que tiene la empresa en elaboración. Teniendo a la vista los estrenos inminentes de la llegada del salto al cine de la serie Bob´s Burgers, y el lanzamiento de la adaptación animada de la novela Diario de Greg, que estrenará Disney + en diciembre. Por el momento, nos toca deleitarnos con una nueva historia en la que convergen los conceptos de tecnología y amistad.  

La película cuenta la historia de Barney, un estudiante de secundaria poco popular y de Ron, su nuevo dispositivo andante y parlante, conectado de forma digital, que se supone que debe ser su “Mejor amigo listo para funcionar». Sin embargo, pronto descubre que su robot no funciona del todo bien porque ha sido dañado durante el transporte para su entrega. Los graciosísimos errores de Ron, con el telón de fondo de la era de las redes sociales, les embarcarán en un viaje lleno de aventuras en el que el chico y el robot experimentarán lo compleja y maravillosa que puede llegar a ser una verdadera amistad.

Ron da error

La revolución tecnológica acecha nuestros hogares, hasta en límites insospechados. Quién más y quien menos, ha gozado con su propia versión del robot Emilio, o con la adquisición de su primera mascota electrónica (que guerra siguen dando los Tamagochis). El séptimo arte no duda en influenciarse de todas las posibilidades, que les brinda la continua revolución digital, por lo que cada vez es más común encontrar propuestas que parecen innovadoras, pero siguen un perfil bastante similar. Sin ir más lejos, los avances de este nuevo filme, se asemejaban a la relación que tienen los protagonistas de El Planeta del Tesoro (2002) o Big Hero 6 (2014). Títulos que buscan crear un efecto cómico y entrañable, a través de las disfuncionalidades de los compañeros robóticos. Comparaciones a parte, este relato pretende analizar el tratamiento de las relaciones sociales en un mundo cada vez más individualizado. Reafirmando que la amistad está por encima de los límites preestablecidos, haciendo valorar el compromiso que tenemos a la hora de labrar nuestros círculos más cercanos.

Siendo sincero me cuesta entrar en la premisa, quizá porque sus buenas ideas acaban por disiparse en un espectáculo alocado, repleto de chistes mediocres y estereotipados (la inclusión Rusia es de estudio). Un nuevo intento de generar el caos apocalíptico, en pro de una nueva revolución de las máquinas. Sí que se presentan factores sociales interesantes: explorando el papel de esas inteligencias artificiales que nos ayudan a vencer la soledad, o generar un efecto de evasión momentánea. También es un trabajo que reivindica el valor de aprender a evitar los prejuicios, intentando abordar diferentes vertientes relacionadas con el bullying o la presión colectiva, en las que se nubla el juicio de los ejecutores. Pero por mucho que se intente erigir una obra sobre el preocupante cuestionamiento de cómo esta era digital cada vez nos dificulta más nuestra capacidad para interrelacionarnos, el robot Ron y sus compinches, roban la atención, en una personificación de las redes sociales en una forma más amable para la correcta conexión emocional. Los patrones de adorabilidad desde la patosidad, son los que consiguen la atención del espectador, haciendo que conecte con la historia de amistad de los personajes, sin importarle el resto. A nivel personal no consigo implicarme con una idea tan artificial. Quizás me estoy haciendo mayor para este tipo de propuestas. 

Ron da error

Estamos ante un producto que se vende como algo nuevo y exclusivo, mas no deja de ser la revisión de un juguete ya visto, del que te aburres a los dos días. Desde Cortocircuito (1986) hasta Los Mitchells contra las máquinas (2021), el cine familiar nos demuestra la genial inclusión de estos colegas robóticos en el género. La crítica hacia el consumo masivo de tecnología y su impacto emocional, que suelen incluirse en este tipo de premisas, se diluyen rápidamente, en un sin sentido que depende de ese atractivo de sus maquinitas revolucionarias para contarte porqué deberías tener un uso más responsable de la mismas. Se intenta concienciar de la importancia de preservar la vida fuera del mundo virtual, intenta estar atenta de tantos temas; siendo dinámica, cómica y entrañable, aunque finalmente se queda en un hechizo de carantoñas poco perdurable en la memoria. La forma termina por comerse lamentablemente al mensaje. Cumple con los factores básicos para ser un producto de entretenimiento aceptable para las grandes masas, pero que no termina por dejar ninguna idea destacable entre tantos principios sentimentaloides banales bienintencionados. 

NOTA:  1,5/5

Juan Carlos Aldarias

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