Crítica de ‘El Sastre De La Mafia’, de Graham Moore

El actor inglés Mark Rylance se ha convertido en uno de los intérpretes de reparto más cotizados de la última década. Muy agradecido debe estar a sus colaboraciones con Steven Spielberg, con su Oscar bajo el brazo tras su impecable trabajo en El puente de los espías (2015). Desde entonces se ha codeado con cineastas tan aclamados como Christopher Nolan, Aaron Sorkin o Adam Mckay. En esta ocasión, es el protagonista de El sastre de la mafia, un largometraje de bajo presupuesto caracterizado por la composición de sus espacios angostos, en una historia de suspense que puede compararse fácilmente con La soga (1948) de Hitchcock. Un largometraje que marca el debut en la dirección del britanico Graham Moore, tras incesante incursión por el universo de la ficción inglesa. Reconocido por su trabajo como escritor y guionista, quien también ganó un Oscar por su trabajo para el libreto de The Imitation Game (2014). 

Chicago. 1956. Leonard (Rylance), es un sastre inglés que confeccionaba trajes en la mundialmente famosa Savile Row de Londres. Después de una tragedia personal termina en Chicago, trabajando en una pequeña sastrería en una zona difícil de la ciudad donde hace ropa elegante para las únicas personas a su alrededor que pueden pagarla: una familia de gángsters. Esta familia de mafiosos intentará aprovecharse de la naturaleza gentil y complaciente de Leonard, que junto a su asistenta Mable (Zoey Deutch) se verá implicado con la mafia de una manera cada vez más grave.

El primer elemento distintivo de esta pieza es su característico aire teatral. Toda la acción transcurre en un mismo espacio, una sastrería de pocos compartimentos de la que parece que los personajes entran y salen de escenas por base de un hacer automático. El espacio ayuda a potenciar el efecto agónico que pretende generar este thriller. Respirando un aire clásico, con Rylance como perfecto maestro de ceremonias. Un característico señor afable, que se ve inevitablemente involucrado en un alocado entramado con la mafia. Es ahí donde comienza un interesante descubrimiento de la acción, mientras observamos el siempre grato juego de apariencias de sus protagonistas. Poco espacio hay para recursos estilísticos creativos, fuera la voz omnisciente que acompaña a la narración en ocasionales momentos para potenciar el valor aleccionador que pretende dar la cinta. Pudiendo relacionarse con ese característico aire inglés que precisamente rezuma la sastrería que sirve de tapadera para los agentes de la saga Kingsman. Como buena pieza de confección el filme viene acompañado por la siempre exquisita mano para la partitura de Alexandre Desplat, además de un trabajo de montaje especialmente preciso para manejar la acción con la exactitud rítmica que debe manejar un divertimento de suspense. 

Aunque la estrella de la función es Rylance, uno de los factores mejor cuidados del filme es la elección de su reparto, basada en el potencial de un trío juvenil. No obstante, hay espacio para unos correctos veteranos como Nikki Amuka-Bird y Simon Russell Beale. La coprotagonista principal es Zoey Deutch, una revelación que ha destacado junto a Ryan Murphy en la serie The Politician, y por ser uno de los elementos más característicos de la secuela de Bienvenidos a Zombieland. Demostrando en un corto espacio de tiempo su capacidad para la versatilidad, con una reminiscencia muy cercana a la actriz Isla Fisher, quien ahora interpreta a una prudente ayudante con aires de femme fatalle. Por su parte, Johnny Flynn y Dylan O´Brien, interpretan a unos aprendices de gansters con bastante funcionalidad. A Flynn ya le hemos visto apuntar buenas maneras en cintas como Emma (2020) o Beast (2017), pero la sorpresa la da O´Brien quien demuestra su buen hacer tras estar relacionado con perfiles de corte juvenil sin llegar a despuntar demasiado, pero que podría convertirse en una estrella de primer nivel. De hecho, se ha rumoreado que podría ser el sustituto de Ezra Miller, como el nuevo Flash del Universo Cinematográfico de DC. 

Salvando las distancias es una obra que recuerda a Swenney Tood (adaptada por Tim Burton en 2007). Un espectáculo teatral con un hombre en busca de la redención, pero que no puede evitar coquetear con un sentimiento vengativo. Complementando ambas historias por un entramado de secretos y un reguero de sangre de un incesante apilamiento de cadáveres, entre sus diferentes giros de guion. En esta ocasión, la producción se mueve con menos elementos, pero emitiendo cierto encanto al no ser tan seria como cabría esperar en un título relacionado con el denominado cine negro. Y se agradece que coquetee con el característico sentido del humor inglés, sin dejar de tomarse en serio lo que nos intenta relatar. Asimismo, es un trabajo que persigue un fuerte factor de resiliencia, con la presencia de un fuerte sentimiento por prosperar en tiempos convulsos, sobre todo para una población migrante constantemente infravalorada. Un título que nos invita a ser observadores y dudar siempre de las cartas que pueden esconder los perfiles bondadosos. La industria cinematográfica se ha dado cuenta de que Rylance es un diamante en bruto, pronto lo veremos en las nuevas cintas de Terrence Mallick, Luca Guadanino y el propio Spielberg. Por el momento, tenemos una oportunidad muy disfrutable de volver a verle lucirse en la pantalla. El sastre de la mafia, es una propuesta ligera, elegante y realmente efectiva en su manejo de la tensión, consiguiendo atrapar con soltura al espectador. 

NOTA: 3,5/5

Juan Carlos Aldarias.

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