Crítica de ‘Jurassic World: Dominion’, de Colin Trevorrow.

Comienza la temporada de estrenos veraniegos. El primer plato fuerte de la temporada lo protagoniza la legendaria saga creada por Steven Spielberg, Parque Jurásico (1993). Una franquicia que tras una desigual trilogía regresó a nuestras pantallas en el año 2015 convirtiéndose en la séptima película más taquillera de todos los tiempos. Se espera que esta tercera entrega sea un éxito, sobre todo cuando se ha vendido como el cierre de películas de esta nueva generación. Hace un año pudimos ver un magnífico prólogo inicial de esta continuación, que podéis encontrar en la red,  con un Tiranosaurio Rex asediando un cine de verano. Ahora, Colin Trevorrow regresa a la dirección tras encargarse de la primera entrega y su fallido intento por incurrir en el universo de Star Wars. Él solo tenía una película en su haber cuando fue elegido para este ambicioso proyecto, Seguridad no garantizada (2012), fue una cinta que llegó a impresionar al mismísimo Spielberg, quien le pidió directamente que cerrara esta nueva trilogía. Bienvenidos a la era jurásica. 

Cuatro años después de la destrucción de Isla Nublar, los dinosaurios ahora conviven -y cazan- con los seres humanos en todo el mundo. Este frágil equilibrio remodelará el futuro y determinará, de una vez por todas, si los seres humanos seguirán en la cúspide de los depredadores en un planeta que comparten con los animales más temibles de la creación. La historia se divide en dos, con los doctores Allan Grant y Ellie Sattler intentando descubrir un entramado que pone en peligro la cadena alimenticia, mientras que los protagonistas de las nuevas entregas emprenderán un peligroso viaje, siguiendo la búsqueda de su hija adoptiva tras haber sido secuestrada, junto a una cría de velociraptor. 

Tanto los fans como los detractores de Jurassic World (2015), coinciden en apreciar que ver la funcionalidad del parque de dinosaurios después de dos décadas, fue un sueño hecho realidad. A pesar de la variedad de opiniones para ambas secuelas (en 2018 le siguió Jurassic World – Fallen Kingdom), las dos secuelas consiguieron captar el interés de la audiencia creando nuevas escenas icónicas para la historia del cine, tales como: el adiestramiento de velociraptores, la icónica muerte de zara, la explosión del volcán o la visión terrorífica de los dinosaurios en la mansión. De hecho, su última entrega se garantizó un plot twist titánico, con el dominio de estas criaturas sobre el universo. Y aunque el arranque de esta tercera parte demuestra los estragos de los nuevos huéspedes, la trama que podíamos haber dibujado pasa a un segundo plano. En Dominion, no hay muestra del caos que podríamos esperar, dejando entrever una idílica convivencia entre especies. Argumentalmente imita el parámetro general del resto de filmes, adaptando ideas de secuelas poco inspiradas con secuestros y malvadas multinacionales como punto de partida. Dejando a priori mucho que desear, cuando el cierre de la franquicia había dejado puntos de partida más sugerentes e imágenes apoteósicas a su paso. 

Los protagonistas de la cinta pierden el foco principal, siendo un mero vehículo para potenciar el atractivo del largometraje. “La vida se abre camino”, esa frase icónica de la franquicia aquí queda algo fuera de lugar. Aunque probablemente estamos ante el filme que más variedad de dinosaurios nos ha mostrado, una vistosa mezcolanza que queda mermada frente a su función dentro del relato. Cabe mencionar que la principal línea temática de esta nueva fase invitaba a reflexionar sobre el poder de la evolución tecnológica, donde como viene siendo habitual, esta acaba siendo corrompida por la mano del hombre. Una visión ecologista, acercando una imagen de animal “domesticado” sobre los dinosaurios, que por la mera condición de estar vivos tiene su derecho a coexistir.  El problema está en la variedad temática que pretende aglutinar. Es argumentalmente más pobre de lo que parece, la aventura suple la acción narrativa en una confusa atracción falta de autenticidad. Variando entre una frenética nueva versión de A todos gas, o una cinta de espías con tramas conspiranoicas, aderezadas con diálogos que dicen muy poco . 

Por desgracia desaprovecha el gran aliciente nostálgico que representaba esta continuación frente al resto. Por primera vez el elenco original: Sam Neill, Laura Dern y Jeff Goldblun vuelven a compartir pantalla. Inexplicablemente estas estrellas han tardado en jugar en la primera línea de juego, representando los mejores momentos de la cinta cada vez que aparecen en pantalla. La mejor parada es Dern con un mayor desarrollo de personaje, a pesar de que el arco temático los deja a ella y a Neill (le quitan el prestigio a su personaje) apartados generalmente de la acción principal. Se agradece que sea una obra de carácter más serio, evitando los irritantes personajes secundarios que realizan el chascarrillo ocasional, aquí el humor recae sobre un experto en el arte como Goldblum, es una pena que su incursión en la película sea tan reducida. En el resto del cast pocas sorpresas, aunque se agradece que se recuperen a antiguos personajes secundarios de la franquicia. La gran incorporación viene con DeWanda Wise, quien maneja patrones atractivos, pero con un personaje que no termina de ser rompedor, viniendo sonrojantemente a entregar unos patrones en pro de la diversidad. Además de la insultante función de los antagonistas de turno que ni se molestan en escribir. Aunque lo más triste es ver el desempeño de Brice Dallas Howard y Chris Pratt, un tándem solvente en la acción, pero que al igual que la benjamina, Isabella Sermon, se sienten estereotipados y faltos de carisma. Esta tercera entrega es la más plana en cuanto a construcción de personajes, el público no empatiza y nos da bastante igual su destino. 

En líneas generales la continuación me ha dejado bastante frío, sin dejar de ser un producto disfrutable gracias a su función como producto de acción. Consigue entregar una disfrutable atmósfera trepidante, a pesar de su falta de personalidad estilística, presentando pocas secuencias que verdaderamente emitan un efecto sorprendente o memorable, por mucho que consigue generar pequeños espacios de tensión. Vuelve a potenciarse erróneamente el uso de los efectos especiales para generar a los dinosaurios, por encima de la combinación animatrónica de la anterior entrega. Dejando un sabor bastante amargo, pues no consigue construir el legado épico que merecía una saga tan emblemática. La premisa desoladora que prometía su trama y el regreso del reparto original auguraban un gran potencial para su desenlace, pero termina siendo un trabajo funcional demasiado convencional como para dejar huella (me dejó un sabor similar a La guerra en el planeta de los simios, 2017). Ni siquiera la banda sonora de Michael Giacchino deja poso, eludiendo bruscamente los temas musicales originales. Los homenajes y guiños siguen presentes, quedando sus buenas intenciones opacadas por la habitual serie de conveniencias e incoherencias, entregando un trabajo muy poco realista. Fallen Kingdom deja entrever una atractiva imagen apocalíptica del universo, sin embargo en Dominion parece olvidar a las criaturas a quienes deben rendir pleitesía, en pro de generar un refrito caótico. Pueden considerar este título como el cierre de la trilogía, no obstante, esta serie de películas continúa siendo rentable, pudiendo alegar con seguridad que tenemos dinosaurios para rato. 

NOTA: 2/5

Juan Carlos Aldarias.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s